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Una mala vida, tan mala no es, como es la vida rutinaria. {Libre}

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Una mala vida, tan mala no es, como es la vida rutinaria. {Libre}

Mensaje por Temperance C. Jones el Lun Mar 21, 2011 4:34 am

La vecina de arriba había vuelto a las clases de claqué. Y creedme, no hay nada peor que una señora de cincuenta años un tanto oronda bailando a lo ballenato abandonado. Por ello los semblantes de desagrado de Temperance se sucedían en una cadena a la vez graciosa y malhumorada, bien además porque si no se daba un poco de prisa volvería a llegar tarde al trabajo. Sí, en lo que llevaba de semana no había llegado ni una sola vez puntual; entre exámenes, cosas de la casa por hacer y Aaron con gripe, no tenía tiempo ni para decir esta boca es mía.

Abrió el armario con impaciencia, mientras alargaba el brazo y cogía lo primero que encontraba a mano. Cómo no, unos vaqueros no precisamente anchos, una camiseta blanca cual fuese y una chaqueta de imitación de cuero de tono amarronado, ya con unos cuantos años encima. La vida la había enseñado a ser rápida y en menos de cinco minutos, ya se hallaba bajando las escaleras desde su habitación al salón, donde un convaleciente de dieciséis años observaba la televisión con total desinterés. Mientras se ahuecaba un poco la chaqueta para ponerla en condiciones, le echó un vistazo a todo. Estaba hecho poco menos que una pocilga y le daban ganas de coger al enano por la camiseta y ponerlo a recoger ipsofacto, mas esta vez el niño tenía excusa. Se ahorró un bufido de resignación y se dirigió hacia la cocina a coger algo para comer, no había probado bocado en todo el día, al ser sinceros.

-Tienes pasta en el microondas.-le anunció mientras buscaba en el frutero algo que pudiese interesarle.-Y galletas en el armario de los cereales.-agregó a la par que tomaba una manzana en su mano y volvía la mirada hacia él de nuevo. Ni la escuchaba, pero ese era su problema.-Ponte el termómetro cada hora y paños fríos en la frente, ¿Entendido?-finalizó mientras Aaron asentía sin ningún convencimiento y ella cogía tanto el móvil, como las llaves y la cartera. Qué crío aquel. Por ello, cogió una de las mandarinas y mordiendo la manzana, se la tiró a su hermano, no muy fuerte, tan sólo para que se diera la vuelta-.

-¡Auhh!¡Bestia!-se quejó él mientras volvía la cabeza hacia Temperance, con los ojos rebosantes de indignación y acariciándose la zona afectada con una de sus manos, sosteniendo la mandarina en la otra-.

-Otra vez atiende, imbécil.-terció sacándole la lengua y volviendo a darle un mordisco a la fruta que tenía entre las manos.-Cómetela, la vitamina C es buena.-se mofó justo al cerrar la puerta, guardando el móvil y la cartera en los bolsillos de la chaqueta y comenzando a bajar a toda prisa las escaleras. Eran las ocho de la tarde, justamente la entrada de su turno en la cafetería, pero no había podido salir antes de casa. Lo peor es que estaba al menos a siete manzanas de allí. Si seguía así, la iban a despedir pronto y eso no sería bueno, para nada bueno-.

Corrió todo lo que le dieron las piernas, no es que estuviera bien de dinero como para coger el transporte público, así que se valería una vez más de su capacidad física. Seguramente en unos diez minutos estaría allí a un ritmo constante y pondría la excusa de que el autobús se había retrasado, cosa que sólo se creerían los jefes al saber todos sus compañeros que no vivía precisamente holgada. Jadeando, se serenó una manzana antes de llegar a Snt. Anton, donde estaba el café en el que trabajaba. Café Sacher más concretamente. Ahora resultaba que habían concretado un turno de noches y claro, le había tocado a ella si no quería verse finikitada. Antes, al menos, podía hacer cosas en casa y estudiar con cierta holgura, pero desde la nueva política de la empresa, casi no podía respirar.

Ya recuperado el aliento, entró por la puerta de servicio, justo al tiempo de que unas cuantas de sus compañeras salían ya de su turno, vestidas para salir a tomar algo. Las saludó de pasada, tampoco es que tuviese mayor interés en la gente y se acercó a los vestuarios para dejar allí la chaqueta y ponerse el delantal y un calzado apropiado, puesto que lo primero que había pillado en casa habían sido unos playeros tan antiguos casi como ella misma. Apresurada, se hizo una coleta sencilla y rápida y salió de nuevo al interior de la cocina del café, para rellenar el papel de haber iniciado el turno y esperar no encontrarse a ninguno de los jefes en aquel mismo momento, ya que si estaban de mal humor podía ser fatal.

Por una vez en la vida, la acompañó la suerte y dejó el papel en su sitio antes de que nadie la viese. Tomó uno de los libretos para apuntar y un bolígrafo y salió de la cocina para cruzar el interior del local, ya que a ella le tocaba atender la terraza, el lugar donde más frío hacía. No se quejaba, al menos tenía trabajo y podía mantenerse, mas como siguiese así, iba a coger lo mismo que su hermano por lo menos. Con cierto mal humor, abrió la puerta y se quedó allí afuera, a la espera de algún cliente, aunque la verdad es que no conservaba muchas esperanzas y le importaba un bledo si le seguían pagando.

Había luna nueva, por lo que era una noche muy oscura; bueno, rectifico, lo hubiera sido si las luces de los edificios no iluminasen toda la urbe casi con impiedad. Era todo tan artificial que abrumaba, pero ella no era nadie para juzgar.

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Re: Una mala vida, tan mala no es, como es la vida rutinaria. {Libre}

Mensaje por Lena Záitsev Tudor el Lun Mar 21, 2011 1:00 pm

Miraba a ambos lados, curiosa inquisitiva, algo perdida mientras en su cabecita giraba una y otra y otra vez el papel de renuncia a la agencia, Ser modelo, bailarina, cualquier cosa ya no era gran cosa, se necesitaba edad, y entre más fresca mejor y aun cuando su cuerpo, vitalidad parecían de quinceañera, y ciertamente se sentía todo menos vieja. Pero aun así, prefería sentar cabeza en el bando azul, estar al lado de su padre, de su hermano, y por ahí andar medio escondida con si hermana, que lío. Freno de golpe casi provocando una carambola y estacionó como si fuera una profesional de las carreras, Mientras veía el café y como si no hubiera pasado nada bajaba del auto, mirando sobre su hombro, de que nadie la hubiera seguido, después de todo, ¿como podrá ella andar sola, sin chófer, sin limo? era lo de menos, con un precioso bolso en mano paso al café, mientras el abrigo color sangre era demasiado llamativo,, pero no tanto como la cabellera rubio obscuro que esa noche tenia un matiz rojizo.

Decidí beber en la terraza mirando de reojo a la chica que parecía agobiada, cansada. Y sintiéndome algo contrariada le sonreí, seguro eso no ayudaba a su condición pero mientras pensaría que hacer, antes necesitaba algo para beber y calentarme.-Buenas noches.-Le dije para llamar su atención.
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Re: Una mala vida, tan mala no es, como es la vida rutinaria. {Libre}

Mensaje por Temperance C. Jones el Mar Mar 22, 2011 4:58 am

El frío calaba en sus huesos mientras su mirada se iba endureciendo con cada pensamiento en su cabeza. Tenía la boca seca de no poder verbalizar el hecho de estar allí a la intemperie, con tan sólo una camiseta para protegerla del frío nocturno y los labios tiritantes, pero jamás se quejaría, no era de ese tipo de personas, en absoluto. Y ello era lo peor, el que por fuera pudieses estar como si nada te ocurriese, malhumorada como de costumbre, pero por dentro te asaltaran los recuerdos, sin tú darles permiso. Chasqueó la lengua en la tenue penumbra de la calle y fijó la mirada en un punto perdido de la ciudad, esperando que toda idea se alejase de su mente.

Quizás fuese el hecho de tener a su hermano en casa con bastante fiebre, cosa que no negaría que la preocupaba y aterraba, pero no como a otras personas, que estarían llamándolo a todas horas. Temperance siempre se había limitado a ser fría y mantener sus problemas para ella misma, no le importaba la opinión de nadie más. También el hecho de que rondaban aquellas fechas el aniversario de una fecha no muy propicia para su humor, que a pesar de lo que pudiera parecer, era frágil como la mies. Se llevó un cabello tras el oído, diciéndose a si misma que aquellas cuitas no traían más que problemas y la desconcentraban. Escuchó.

Un vehículo se aproximaba con cierta velocidad al local; no consiguió adivinar el color, bien por no estar muy atenta o bien por las sombras en las que se escondía tanta nocturnidad. No era relevante.
El conductor o conductora realizó una maniobra de frenado que seguramente a otra persona le habría impresionado, pero a la propia mujer de piedra como que no le hacía ni cosquillas. Lo único bueno que podía traer al establecimiento era ser cliente. Y entonces trataría al individuo como tal.

Alzó la mirada mientras se recostaba un poco en la pared, esperando a quién sabe qué, observando de soslayo que la persona era una mujer, de más o menos su edad, pero a diferencia de ella, tenía elegancia y por qué no decirlo, guapa también. Cabello largo, rubio, rizado; al menos ello aseguraría Temperance, mas tampoco quería fiarse, aquella luz era muy traicionera. Ni siquiera se molestó en mirar el suyo propio, no precisamente desdeñoso pero normal; una pasada de cepillo, coleta improvisada…vamos, lo que un peluquero llamaría atentado.

Aquello de que hay personas que afean con el tiempo, se le podía aplicar a ella. De pequeña, había sido una cría más o menos mona, modestia aparte; ahora, ahora le importaba menos que un comino ser guapa, fea, camarera o farmacéutica, no era algo que ella considerase crucial en su vida. A diferencia de ella misma, la chica se asemejaba modelo o al menos algo parecido. En tal instante le hubiese gustado saber prejuzgar a las personas, sólo para deleitarse con una primera impresión que nunca llegó. Era minuciosa en los detalles, pero era incapaz de ser minuciosa en los gestos de alguien si no le interesaba quién fuese. Otra cliente más.

La muchacha se empeñaba en sonreírle, no sabía si por parecer cortés o porque era de esas personas de gestos amables; lo prefería al típico “Eh, tú, que no tengo todo el día.” Para ser ciertos. Por ello, al hacerlo, se despegó de la pared intentando ocultar su desgana, estaba su puesto en juego y se acercó a ella con mirada menos afilada y gestos más corteses, sin ser capaz de que llegasen a ser amables. En cuanto llegó a su vera, se sintió satisfecha de sí misma al comprobar que todo lo que había oteado desde lejos era cierto, que no se había equivocado un ápice. Su parte calculadora seguía tan activa como siempre. Y la puntería también, después de tirarle una mandarina a la cabeza a Aaron.

-Buenas noches.-acompasó justo después de que la aguda voz de la joven se mostrase, etérea, en el aire. A tales horas no solían aparecer por allí mujeres y menos aún menores de unos cuarenta años, cosa que le chocó después de pensarlo ligeramente. ¿Curiosidad? Ninguna. Meros análisis, se pasaba el día analizando. Era lo que tenía estudiar para estar haciendo eso toda tu vida.-¿Qué desea?-puntualizó después de un segundo, tomando el bolígrafo con propiedad, al igual que el libreto de apuntes. Al fin y al cabo, la compañía no era tan mala, sus pensamientos se desviaban hacia posturas más livianas y que alejaban de sí el soliviantarse-.

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Re: Una mala vida, tan mala no es, como es la vida rutinaria. {Libre}

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